Y como si el libreto no tuviera suficientes capítulos, apareció una nueva figura en el diccionario electoral colombiano: los «testigos digitales». Mientras el país conocía los resultados del preconteo y avanzaba hacia los escrutinios, el presidente Gustavo Petro puso sobre la mesa un concepto que dejó a más de uno preguntándose si la Registraduría había actualizado el manual de elecciones o si estábamos asistiendo al estreno de una nueva modalidad democrática.
Porque una cosa son los testigos electorales que contempla la ley y otra muy distinta los personajes que van apareciendo sobre la marcha, como los extras de una serie que nadie había visto en los capítulos anteriores. A este paso, en las próximas elecciones podríamos tener veedores virtuales, jurados holográficos y mesas auditadas por inteligencia artificial.
Como decía la abuela, cuando las reglas empiezan a cambiarse en medio del partido, es porque el marcador no está gustando mucho. Y cuando no alcanzan los testigos de siempre, aparecen los digitales, los virtuales y los imaginarios.
La democracia necesita garantías, vigilancia y transparencia. Lo que no necesita es que cada elección venga con una actualización beta de sus propias reglas. Porque al final las normas electorales no deberían funcionar como una aplicación de celular: descargando nuevas funciones cada vez que alguien no queda conforme con el resultado.






