La Asociación Colombiana de Psiquiatría alertó sobre dificultades para acceder a antidepresivos y antipsicóticos en Bogotá y otras ciudades. La entidad pidió anticiparse a las necesidades de los pacientes para evitar interrupciones en tratamientos de uso continuo.
El terremoto no solo dejó daños en viviendas e infraestructura. Sus efectos también comienzan a sentirse en un frente especialmente sensible: el acceso a medicamentos psiquiátricos.
La Asociación Colombiana de Psiquiatría lanzó una alerta por las dificultades que se estarían presentando para conseguir algunos medicamentos, entre ellos antidepresivos y antipsicóticos, una situación que podría comprometer la continuidad de tratamientos de personas que requieren medicación permanente.
La organización explicó que después de un desastre natural pueden presentarse interrupciones en las cadenas de suministro, dificultades logísticas y problemas de distribución que terminan afectando la disponibilidad de medicamentos en farmacias y centros de atención.
La preocupación aumenta porque, para quienes reciben tratamientos psiquiátricos de manera continua, una interrupción no es simplemente quedarse sin una caja de medicamentos. Puede significar dificultades para mantener la estabilidad alcanzada durante el tratamiento y obligar a los pacientes y sus familias a enfrentar una nueva carrera contra el tiempo para conseguirlos.
Por ello, la Asociación Colombiana de Psiquiatría llamó a anticipar las necesidades de las personas que dependen de estos medicamentos, especialmente en escenarios posteriores a emergencias y desastres.
La alerta pone de manifiesto que la recuperación después de un terremoto no puede medirse únicamente por las calles despejadas, los edificios reparados o los servicios públicos restablecidos. También debe incluir la garantía de que quienes necesitan tratamientos médicos puedan continuarlos sin convertirse en damnificados invisibles de la emergencia.
Ahora el reto para las autoridades sanitarias será evitar que las dificultades de abastecimiento terminen convirtiéndose en una segunda emergencia, esta vez silenciosa, detrás de los mostradores de las farmacias.






