En la recta final hacia las elecciones, la política colombiana parece haberse convertido en un concurso de frases que generan más preguntas que respuestas. Esta vez, el protagonista fue el ministro del Interior, Armando Benedetti, quien aseguró que el Gobierno reconocerá los resultados electorales «si queda nítida la voluntad popular».

La declaración cayó como piedra en estanque tranquilo —si es que todavía queda alguno en la política nacional— y reavivó la controversia generada por recientes comentarios de Gustavo Bolívar sobre posibles disturbios en caso de una victoria de la oposición.

Para muchos analistas y sectores políticos, la frase de Benedetti abrió un inquietante debate: ¿quién define cuándo la voluntad popular es suficientemente «nítida»? Porque en democracia, las elecciones suelen resolverse con votos, no con exámenes oftalmológicos.

Las reacciones no tardaron en llegar. Desde la oposición cuestionaron que se planteen condicionamientos al reconocimiento de los resultados electorales, mientras que voceros cercanos al Gobierno defendieron las palabras del ministro argumentando que hacen referencia a la necesidad de garantizar transparencia y legitimidad en el proceso.

Mientras tanto, los colombianos observan un escenario cada vez más tensionado, donde algunos dirigentes parecen prepararse para explicar el resultado antes de que aparezca el resultado. En un país acostumbrado a los sobresaltos políticos, la campaña avanza entre llamados a la calma, advertencias de estallidos y declaraciones que dejan la sensación de que todos apoyan la democracia… siempre y cuando la democracia vote correctamente.

A menos de la jornada electoral, la principal exigencia de distintos sectores es que todos los actores políticos respeten las reglas del juego y acepten el veredicto de las urnas, sin adjetivos, sin asteriscos y, sobre todo, sin interpretaciones creativas de última hora.

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