Durante la posesión de Abelardo de la Espriella ocurrió algo curioso: por ningún lado aparecieron los “ellos”, “ellas” y “elles”, esas palabras que durante los últimos cuatro años se convirtieron casi en parte del protocolo oficial y del nuevo diccionario político.
Tampoco hubo mucho espacio para los famosos “nadies”, término que pasó de ser una expresión literaria a convertirse en una especie de categoría política, utilizada hasta el cansancio para describir a quienes supuestamente habían sido olvidados por el establecimiento.
El nuevo discurso presidencial parece haber llegado con otro idioma: menos pronombres, menos terminología de laboratorio ideológico y más palabras como autoridad, seguridad, instituciones, soberanía y poder.
Y es que, al parecer, en la nueva administración hasta los pronombres tendrán que pasar por control de seguridad antes de entrar a la Casa de Nariño.
Los “ellos”, las “ellas” y los “elles” quedaron esperando en la puerta. Y los “nadies”, por ahora, parecen haber perdido el micrófono.
No es que hayan desaparecido del país; simplemente dejaron de ser protagonistas del discurso oficial.
Después de cuatro años en los que el lenguaje político tuvo más cambios que un camaleón en una discoteca, la posesión de Abelardo de la Espriella dejó una señal clara: se acabó la época en la que hasta los pronombres tenían ideología.
Ahora falta saber si también se acaba la costumbre de convertir las palabras en trincheras.
Porque una cosa es hablar de inclusión y otra muy distinta es que hasta el diccionario termine haciendo campaña política.






