El Pacto Histórico comienza a quedarse sin compañía en el Capitolio. La Alianza Verde decidió no hacer oposición al Gobierno de Abelardo De La Espriella y optó por declararse independiente. En política, dicen que los amigos se conocen en las malas… y algunos ya están buscando otra mesa.
La novela política en el Congreso sigue sumando capítulos y, esta vez, el golpe le cayó al sector petrista de la Alianza Verde.
La colectividad decidió declararse independiente frente al Gobierno de Abelardo De La Espriella, una determinación que deja al ala cercana al petrismo con menos margen de maniobra para construir una oposición amplia desde el Capitolio.
La decisión fue anunciada por el representante Mauricio Toro, después de una reunión de la Dirección Nacional del partido en la que 33 integrantes votaron por la independencia, mientras apenas ocho respaldaron la idea de declararse en oposición.
El petrismo perdió el pulso
El resultado es leído como una derrota política para el sector petrista de los verdes, que pretendía llevar a toda la colectividad a la oposición y sumar sus votos a las bancadas que ya están enfrentadas al nuevo Gobierno, entre ellas el Pacto Histórico.
Pero la mayoría tomó otro camino: ni matrimonio con la Casa de Nariño ni divorcio político. Independencia, con la puerta abierta para negociar.
Y ahí está precisamente el picante del asunto.
En el Congreso, declararse independiente puede convertirse en una posición bastante cómoda: no se carga con el Gobierno, pero tampoco se pelea con él por todo. Una especie de “yo no fui, pero conversemos”.
Al Pacto le empiezan a faltar brazos
La decisión de los verdes representa un nuevo reto para el Pacto Histórico, que comienza a ver cómo algunos de los aliados que durante la era Petro caminaban por la misma acera ahora prefieren mirar el tráfico desde la mitad de la calle.
El ala petrista de la Alianza Verde quería oposición; la mayoría de la colectividad respondió con independencia.
El resultado deja una lectura sencilla: el petrismo perdió una votación que consideraba clave y, de paso, perdió parte del músculo político que necesitaba para enfrentar al Gobierno de De La Espriella.
La política, como siempre, tiene memoria corta y calculadora larga. Hoy se declara independencia; mañana se vota un proyecto; pasado mañana se negocia una reforma. En el Congreso, hasta el que dice “no” suele preguntar primero qué hay sobre la mesa.






