Al Pacto Histórico le apareció una piedra en el zapato —y podría convertirse en ladrillo—. Una demanda ante el Consejo de Estado busca tumbar la elección de sus congresistas para el periodo 2026-2030, alegando presuntas modificaciones entre la lista definida en la consulta interna y la que finalmente fue inscrita ante las autoridades electorales.
La acción fue presentada por el veedor Juan Carlos Calderón España ante la Sección Quinta del Consejo de Estado y está dirigida contra el acto de elección contenido en el formulario E-26 del Consejo Nacional Electoral (CNE), mediante el cual se declaró la elección de los 25 senadores correspondientes a la lista del Pacto Histórico.
El argumento central de la demanda es que la lista presentada oficialmente para las elecciones legislativas de 2026 no habría coincidido con la que resultó definida en la consulta interpartidista realizada por la coalición el 26 de octubre de 2025.
Y ahí es donde comienza el verdadero revolcón político: si la justicia electoral encuentra que hubo modificaciones que no estaban autorizadas o que afectaron las reglas bajo las cuales se realizó la consulta, la elección podría quedar bajo una lupa mucho más incómoda.
El problema, además, no sería exclusivamente nacional. Durante el proceso electoral también fueron presentadas demandas y solicitudes de revocatoria contra listas del Pacto Histórico para la Cámara de Representantes en Bogotá, Valle del Cauca y Cundinamarca. En total, se habrían cuestionado cerca de 14 listas regionales de la colectividad.
La situación pone al Pacto Histórico frente a un escenario que políticamente puede ser explosivo: no se trata solamente de ganar elecciones, sino de que las listas que llevaron a sus candidatos al Congreso hayan cumplido todas las reglas del juego.
Por ahora, la demanda no significa que los congresistas hayan perdido sus curules. Será el Consejo de Estado el que determine si existen razones jurídicas suficientes para modificar o anular las elecciones cuestionadas. Además, este tipo de procesos puede extenderse durante más de un año, por lo que el eventual desenlace podría llegar cuando los protagonistas ya estén bastante cómodos en sus respectivas sillas.
Y aquí está el detalle con doble filo: si hubo cambio de lista, el problema no sería quién ganó el partido, sino quién terminó jugando con una alineación diferente a la que había sido anunciada.
El Pacto Histórico tendrá ahora que defender sus listas en los tribunales mientras intenta mantener intacta su representación política. Porque en política electoral hay algo más peligroso que perder una elección: ganarla y después descubrir que la lista tenía más tachones que un borrador de colegio.
Por ahora, la palabra final la tiene la justicia electoral. Pero el mensaje ya está sobre la mesa: podría venir un revolcón y, si prosperan las demandas, algunas curules podrían quedar tambaleando.






