La teoría del fraude volvió a quedarse sin batería. Esta vez, la Auditoría Externa Internacional del Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL) concluyó que la segunda vuelta presidencial del pasado 21 de junio se desarrolló con las condiciones técnicas y operativas adecuadas, dejando sin mayor sustento las denuncias que durante semanas alimentaron el debate político.
Mientras algunos seguían buscando votos escondidos entre algoritmos, pantallazos y cadenas de redes sociales, la auditoría terminó poniendo los pies sobre la tierra. Los famosos «testigos electorales digitales», convertidos por algunos en detectives de teclado, parecen haberse quedado sin caso… y sin conexión.
El informe de la auditoría coincide con el momento en que el presidente Gustavo Petro y sectores del Pacto Histórico han insistido en denunciar un supuesto fraude electoral, sin que hasta ahora hayan presentado pruebas concluyentes que demuestren la ilegitimidad de la elección de Abelardo de la Espriella.
En política, como en el fútbol, una cosa es reclamarle al árbitro y otra muy distinta es que el VAR encuentre la falta. En esta ocasión, el «VAR electoral» revisó la jugada y no vio el penalti que algunos llevaban semanas celebrando antes de tiempo.
Al final, la novela del fraude parece haber perdido varios capítulos. Los «hackers de WhatsApp», los «peritos de Facebook» y los «expertos de X» tendrán que buscar una nueva temporada, porque esta terminó con un mensaje poco favorable para quienes apostaban por deslegitimar las elecciones: cuando las pruebas no aparecen, las teorías terminan pareciéndose más a una transmisión en vivo… pero sin audiencia.






