Comunes pierde la personería jurídica tras fracasar en las urnas. Se acabaron las curules regaladas y ahora tendrá que medirse con los votos, esos mismos que no alcanzaron para mantenerlo con vida política.
¡Se bajó el telón y esta vez no hubo acuerdo que salvara la función! El Consejo Nacional Electoral (CNE) dejó en firme la pérdida de la personería jurídica del partido Comunes, la colectividad nacida del Acuerdo de Paz de 2016 que convirtió a los antiguos integrantes de las Farc en actores de la política colombiana. Después de dos períodos legislativos con diez curules garantizadas, cinco en el Senado y cinco en la Cámara, llegó la hora de comprobar cuánto respaldo tenían realmente en las urnas.
Y el resultado fue más frío que una reunión política sin micrófonos: la coalición de Comunes con Fuerza Ciudadana obtuvo apenas 114.722 votos al Senado, muy lejos del umbral constitucional del 3 % y sin conseguir escaños. Sandra Ramírez, quien buscaba repetir su presencia en el Congreso, alcanzó 10.505 votos. Una cifra que dejó claro que tener historia, protagonismo y espacio en los titulares no necesariamente significa tener electores suficientes.
La decisión quedó formalizada mediante la Resolución 4006 del 23 de septiembre de 2026 y la actuación administrativa del 1 de octubre. Con ello, Comunes sale del Registro Único de Partidos y Movimientos Políticos y pierde el acceso a la financiación estatal directa en calidad de partido con personería jurídica, además de la facultad de otorgar avales en nombre propio.
¡De las armas a las urnas, pero las urnas no respondieron como esperaban!
Durante ocho años, Comunes contó con una ventaja que muchos partidos tradicionales habrían querido para sí: diez puestos en el Congreso garantizados por el régimen de transición derivado del Acuerdo de Paz. No tuvieron que conquistar esas curules mediante el umbral electoral ordinario; estaban contempladas como parte de las condiciones de reincorporación política.
Pero la política tiene una ironía difícil de esconder: una cosa es llegar al Capitolio por las condiciones de un acuerdo y otra muy distinta conseguir que los ciudadanos respalden el proyecto en las urnas. Cuando se terminó la garantía, comenzó la verdadera prueba electoral, y el resultado fue una derrota sin maquillaje.
Rodrigo Londoño, conocido como Timochenko, y otros dirigentes de la antigua guerrilla apostaron por convertir su organización en una fuerza política con presencia nacional. Sin embargo, la pérdida de la personería jurídica deja al movimiento ante un panorama complicado: sin financiación estatal directa como partido reconocido, sin avales propios y con el desafío de encontrar una nueva fórmula política si pretende continuar en la competencia electoral, siempre dentro de las reglas legales.
La moraleja es sencilla: la paz puede abrir las puertas de la democracia, pero no puede fabricar indefinidamente el respaldo popular. Las curules garantizadas tenían fecha de vencimiento; los votos, en cambio, nunca llegaron en la cantidad necesaria para sostener la colectividad.
Al final, Comunes descubrió que la política no es una franquicia perpetua ni el Congreso una silla reservada para siempre. Se acabó la garantía, llegó la cuenta electoral y los números no cuadraron.
¡Se les acabó el partido, aunque no necesariamente la posibilidad de seguir jugando en política por otras vías legales! Porque perder la personería no borra el Acuerdo de Paz ni prohíbe automáticamente la participación individual de sus dirigentes, pero sí marca el final de Comunes como partido político reconocido.
Esta vez no hubo curul de cortesía: para seguir en el juego, tendrán que convencer al elector. Y ese sí que no firma acuerdos para votar.




