En política dicen que no hay desempleados, sino funcionarios en período de transición. Y al senador Carlos Fernando Motoa parece que ya le llegó la temporada de actualizar el currículo.

Las críticas no se hicieron esperar luego de sus declaraciones en las que aseguró: «Si el presidente electo de la República cree que le puedo contribuir en algún aspecto, lo haré.» Una frase que para unos suena a gesto republicano y para otros tiene el inconfundible aroma de una hoja de vida enviada con copia a la Casa de Nariño.

Como su período en el Congreso termina el próximo 20 de julio, más de un malpensado ya comenta que el saludo al presidente electo venía con mensaje subliminal incluido: «Aquí estoy, disponible de tiempo completo y con experiencia certificada».

En la política colombiana las puertas nunca se cierran del todo; simplemente cambian de oficina. Por eso hay quienes interpretan que algunos discursos dejan de ser de oposición y empiezan a sonar más como entrevistas laborales.

Claro está, ofrecer experiencia al nuevo gobierno no tiene nada de reprochable. Lo que despierta sonrisas es la velocidad con la que algunos pasan de la crítica al ofrecimiento de colaboración. Como quien dice: «Si no pude seguir legislando, de pronto me queda una vacante ejecutiva».

Al final, solo el tiempo dirá si fue un mensaje institucional, un acto de buena voluntad o una candidatura espontánea al empleo público. Porque en Colombia hay políticos que no alcanzan a desocupar el escritorio cuando ya están preguntando dónde queda la siguiente oficina.

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