El Gobierno decidió declarar insubsistente a Wilmar Mejía, quien se desempeñaba como director de la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF), poniendo fin a su paso por una entidad cuya misión es precisamente seguirle la pista al dinero que circula por los circuitos financieros.
Mejía había llegado a la dirección de la UIAF en abril de 2026, después de haber ocupado cargos relacionados con inteligencia durante la administración del expresidente Gustavo Petro. Su salida se produce en medio de cuestionamientos e investigaciones disciplinarias relacionadas con sus presuntos vínculos con alias Calarcá, jefe de una estructura armada ilegal.
De acuerdo con las investigaciones mencionadas en el caso, Mejía habría sido señalado de presuntamente entregar códigos de frecuencia radial utilizados por la Fuerza Pública y de brindar un eventual apoyo para la creación de empresas de seguridad que, según las hipótesis investigativas, podrían haber servido para legalizar armas y preparar a integrantes de esas estructuras ante un eventual rompimiento de los diálogos con el Gobierno Petro.
El asunto no es menor. Que el director de una entidad encargada de rastrear movimientos financieros termine bajo la lupa por presuntos contactos con estructuras armadas resulta, cuando menos, una paradoja de esas que hacen levantar la ceja: el hombre encargado de seguir las huellas del dinero terminó dejando sus propias huellas en el expediente.
La declaratoria de insubsistencia no constituye por sí misma una declaración de responsabilidad penal ni disciplinaria. Serán las autoridades competentes las encargadas de establecer si las acusaciones tienen fundamento y determinar las eventuales responsabilidades.
La salida de Mejía vuelve a poner sobre la mesa los controles que deben existir en organismos estratégicos del Estado, particularmente cuando se trata de funcionarios con acceso a información sensible de inteligencia y seguridad.
Por ahora, la UIAF cambia de director y el expediente continúa abierto. En materia de inteligencia, parece que algunas sombras todavía no terminan de disiparse; y cuando la lupa cambia de dirección, hasta los encargados de investigar pueden terminar bajo investigación.






