Gustavo Petro salió a desmentir que durante su gobierno se hubiera ordenado retirar militares o suspender operaciones para favorecer al Clan del Golfo. Sin embargo, la controversia sigue creciendo después de que una grabación revelara una presunta reunión entre el entonces comisionado de Paz, Danilo Rueda, y alias Jerónimo, uno de los comandantes de la organización criminal.
Según el audio divulgado, en aquel encuentro se habría acordado una especie de «pausa activa»: ni bombardeos, ni operaciones ofensivas, ni inteligencia respirándoles en la nuca. En otras palabras, una paz tan total que hasta los uniformados parecían invitados a tomarse un descanso.
Petro asegura que nunca existió una orden para despejarles el camino a los grupos ilegales. Pero los críticos sostienen que, si el objetivo era construir confianza, algunos terminaron entendiendo confianza como dejar la puerta abierta y las llaves sobre la mesa.
El episodio revive el debate sobre los límites de la llamada Paz Total. Porque una cosa es sentarse a dialogar con los actores armados y otra muy distinta es que la Fuerza Pública termine pareciendo el invitado que se retira temprano de la fiesta para no incomodar a los anfitriones.
Mientras el expresidente insiste en que todo hace parte de una estrategia de negociación, la oposición se pregunta si en algunas regiones del país la paz consistió en silenciar los fusiles oficiales mientras los ilegales seguían conservando los suyos. Y como suele ocurrir en la política colombiana, cada nuevo audio termina funcionando como una especie de detector de contradicciones: unos escuchan esfuerzos de paz; otros oyen concesiones difíciles de explicar.
Por ahora, el único bombardeo que parece mantenerse activo es el político, porque las explosiones de los audios siguen resonando mucho más fuerte que las explicaciones oficiales.






