El primer mes de Abelardo de la Espriella en la Presidencia deja una conclusión preliminar: el nuevo Gobierno quiso marcar distancia con Gustavo Petro desde el primer día, pero también recibió una factura que no estaba en el libreto: un país golpeado por una emergencia sísmica, problemas de seguridad y unas finanzas públicas bastante apretadas.
- Seguridad: el Gobierno decidió cambiar el discurso
La seguridad se convirtió rápidamente en una de las principales banderas. De la Espriella llegó con la promesa de recuperar el control territorial y abandonar buena parte de la lógica de la llamada Paz Total.
Durante este primer mes, el Gobierno ha reforzado el lenguaje de confrontación contra las organizaciones armadas y anunció la intención de impulsar un estatuto antiterrorista, con las disidencias de las FARC entre los primeros grupos señalados.
El problema es que la seguridad no se mide solamente por el volumen de operaciones militares o por discursos de mano dura. El verdadero examen será si disminuyen los homicidios, secuestros, extorsiones, desplazamientos y territorios controlados por grupos ilegales.
Ahí todavía es demasiado pronto para cantar victoria.
- El terremoto: la primera prueba que nadie tenía presupuestada
A pocos días de comenzar el mandato, el Gobierno tuvo que enfrentar una emergencia nacional provocada por el terremoto del 10 de agosto, que dejó centenares de víctimas y graves daños materiales.
La emergencia obligó a De la Espriella a pasar rápidamente de la campaña política a la administración de una crisis nacional. El Gobierno ha planteado incluso un ambicioso plan de reconstrucción para el Chocó, inspirado en el llamado Plan Marshall, con participación del sector privado.
Esta será probablemente una de las pruebas más importantes del primer año: no basta con reconstruir edificios; habrá que demostrar que la ayuda llega realmente a las comunidades afectadas.
- Economía: la motosierra encontró una caja con candado
En materia económica, el Gobierno anunció desde el comienzo una política de austeridad y congelamiento del gasto público, además de la eliminación del impuesto al patrimonio anunciada durante la posesión.
Pero aquí aparece una de las grandes contradicciones del nuevo Gobierno: prometer menos Estado mientras las necesidades sociales siguen creciendo y las obligaciones fiscales no desaparecen por decreto.
El panorama fiscal para 2027 es particularmente complicado. El déficit proyectado y el peso de la deuda dejan poco espacio para improvisaciones. Una parte importante del presupuesto está comprometida con el servicio de la deuda, por lo que el Gobierno tendrá que decidir entre recortar, refinanciar o buscar nuevas fuentes de ingresos.
En otras palabras: la motosierra puede sonar fuerte, pero la caja registradora del Estado también tiene memoria.
- Un gabinete con experiencia política
El equipo ministerial combina figuras con experiencia administrativa y política. Entre los nombres destacados aparecen Rodrigo Lara Restrepo en Interior, Elsa Noguera en Transporte y Miguel Gómez Martínez en Hacienda.
De la Espriella llegó a la Presidencia como un outsider, pero rápidamente tuvo que rodearse de personas con experiencia en el aparato estatal.
Eso puede ser una fortaleza: una cosa es ganar una elección y otra muy distinta gobernar un país de casi 50 millones de habitantes.
- Política exterior: giro hacia Washington
Otro cambio evidente está en la política internacional. El Gobierno ha estrechado su relación con Estados Unidos y ha buscado una cooperación mucho más intensa en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico.
Ese giro representa una ruptura importante con la orientación internacional de Petro y puede generar beneficios en cooperación, inteligencia y comercio, pero también abre interrogantes sobre la autonomía diplomática colombiana.
- Comunicación y estilo presidencial: el punto más polémico
Uno de los aspectos más cuestionados durante el primer mes ha sido el estilo de comunicación del nuevo Gobierno.
Críticos de la administración han señalado una concentración de la vocería presidencial y restricciones o condicionamientos a la prensa.
Esto puede convertirse en un problema político mayor. Un presidente puede tener mayoría, popularidad y fuerza política; lo que no debería necesitar es una prensa domesticada para demostrar que tiene razón.
El verdadero desafío será mantener la capacidad de comunicar resultados sin convertir la comunicación gubernamental en propaganda.
- Popularidad: todavía existe el efecto luna de miel
Algunos reportes señalan niveles elevados de respaldo digital durante este primer mes, impulsados principalmente por las expectativas alrededor de la seguridad y la respuesta frente a la emergencia.
Pero hay que ponerle una nota al margen: un mes no alcanza para saber si existe una transformación estructural o simplemente el tradicional efecto de luna de miel de los nuevos gobiernos.
La verdadera medición llegará cuando los ciudadanos comparen promesas con resultados.




