El proyecto de Presupuesto General de la Nación para 2027, radicado por el Ministerio de Hacienda ante el Congreso, asciende a $635 billones, una cifra que supera en casi $60 billones la propuesta de $575 billones presentada por el gobierno anterior.
Todas las alarmas fiscales volvieron a sonar con la presentación del nuevo presupuesto para 2027. El Gobierno llevó al Congreso una propuesta de $635 billones, un monto que, lejos de representar el esperado ajuste para contener el deterioro de las finanzas públicas, supone un incremento cercano a $60 billones frente al presupuesto de $575 billones planteado por la administración anterior.
La cifra tomó por sorpresa a buena parte del mercado, que esperaba un recorte significativo del gasto como señal de disciplina fiscal y como mecanismo para intentar enderezar unas cuentas públicas que atraviesan un escenario complejo.
Pero el Gobierno tomó otro camino. La explicación oficial es que resulta necesario “sincerar las cuentas” y reconocer las obligaciones y necesidades fiscales que encontró, argumentando que el margen para reducir el presupuesto sería mucho menor de lo esperado.
El problema es que, mientras las autoridades hablan de sincerar las cuentas, en el escenario económico aparece una pregunta incómoda: ¿cómo se pretende corregir el déficit si el presupuesto sigue engordando?
El aumento del monto presupuestal abre un nuevo debate en el Congreso sobre el nivel de gasto, las fuentes de financiación y la capacidad real del Estado para cumplir sus compromisos sin profundizar las presiones sobre las finanzas públicas.
Para los críticos de la política económica del Gobierno, la matemática resulta difícil de maquillar: cuando las cuentas están en rojo, aumentar el tamaño de la cuenta no parece precisamente la dieta fiscal que esperaba el mercado.
Ahora será el Congreso el encargado de discutir un presupuesto de $635 billones, en medio de cuestionamientos sobre el déficit, el endeudamiento y la sostenibilidad de las finanzas nacionales.
La discusión apenas comienza, pero la señal ya está enviada: para 2027 el cinturón fiscal no parece apretarse; por ahora, parece tener un agujero más






