Los días que quedan para la segunda vuelta presidencial prometen convertirse en una mezcla entre ring de boxeo, gallera de pueblo y campeonato nacional de pullas políticas. Los candidatos ya no parecen aspirantes a dirigir un país, sino dos gallos finos sacándose brillo a punta de espuelazos verbales, desafiándose como jefes de bandas callejeras disputándose el control del barrio.

Cada discurso parece más una amenaza disfrazada de propuesta y cada entrevista termina convertida en combate de artes marciales electorales. Aquí ya no gana el que tenga el mejor programa de gobierno, sino el que conecte primero el derechazo mediático o el que logre viralizar el insulto más creativo en redes sociales.

Mientras tanto, el pueblo colombiano —ese que madruga, trabaja, paga impuestos y hace milagros para sobrevivir— sigue esperando que alguien hable en serio de empleo, seguridad, salud, economía o educación. Pero no. La campaña parece atrapada en una competencia para ver quién grita más duro, quién señala más enemigos y quién convierte la tarima política en escenario de pelea clandestina.

Las barras políticas también entraron al espectáculo. Ya no parecen ciudadanos defendiendo ideas, sino hinchadas bravas listas para declarar campeón mundial al candidato que mejor humille al rival en televisión nacional. El debate democrático pasó de intercambio de propuestas a concurso de egos con transmisión en vivo.

Y mientras los candidatos se lanzan golpes de micrófono, el país sigue esperando soluciones reales. Porque al ritmo que va esta campaña, la segunda vuelta no necesitará registradores ni jurados electorales, sino árbitro, campana y hasta veterinario para separar a los gallos después del último round.

Colombia merece estadistas, pero la campaña parece empeñada en ofrecernos protagonistas de reality político. Y así, entre gritos, ataques y discursos incendiarios, el ciudadano termina asistiendo a la función más cara del país: el circo electoral… donde el público paga la entrada con impuestos y después aguanta cuatro años el espectáculo.

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