En Colombia la política parece haber descubierto una nueva doctrina: la ideología dura hasta que aparece una mejor oferta. Hoy se milita en la derecha, mañana se aterriza en el centro y pasado mañana se amanece en la izquierda, todo dependiendo de quién tenga la mejor lista, el mejor aval o la mejor posibilidad de llegar al poder.
La filosofía partidista, aquella que alguna vez pretendía representar ideas, programas y visiones de país, terminó muchas veces convertida en una especie de mercado de avales, intereses personales y cálculos electorales. El interés nacional queda en la banca, mientras algunos dirigentes juegan el partido que más les conviene.
Colombia tiene hoy más de 36 partidos y movimientos políticos con personería jurídica, una cifra que permite preguntarse si estamos ante un sistema pluralista o ante una verdadera liga profesional de camisetas políticas. Porque aquí sucede algo parecido al fútbol: cada temporada hay jugadores que cambian de equipo, pero lo curioso es que algunos también cambian de camiseta… ¡sin cambiar de discurso!
La derecha puede terminar abrazando a la izquierda, la izquierda puede negociar con la derecha y el centro, ese territorio político que alguna vez prometió ser la tercera vía, corre el riesgo de convertirse en la puerta giratoria de la política nacional.
Y mientras los partidos cambian de color, nombre, alianza y candidato, también crece el culto al dirigente. El liderazgo colectivo cede terreno ante el ego individual y algunos movimientos terminan pareciéndose más a clubes de seguidores de una persona que a organizaciones con una verdadera doctrina política.
El problema no es que existan muchas corrientes. La democracia necesita pluralismo, debate y diversidad. El problema aparece cuando las convicciones se vuelven negociables, los programas quedan en segundo plano y el partido se convierte simplemente en el vehículo electoral de turno.
Así, el ciudadano termina preguntándose qué está votando: ¿una ideología, un programa, un partido o simplemente una fotografía en el tarjetón?
Porque en Colombia parece que los partidos tienen muchas camisetas, pero pocas identidades; muchos líderes, pero poca doctrina; muchas alianzas, pero escasa coherencia.
Aquí ya no se cambia de partido por convicción: a veces parece que se cambia de convicción para no perder el partido.




