Como dice la popular canción, «no hay cama pa’ tanta gente», y ese parece ser el nuevo himno de la izquierda en Cali. Apenas se conocieron los resultados de las elecciones presidenciales, la celebración duró lo que tarda un político en decir «unidad». Después comenzó el verdadero deporte nacional: la disputa por quién liderará el proyecto político en la capital del Valle.
El problema no es la falta de figuras. El problema es que sobran aspirantes. Hoy parece haber más candidatos que contratos de prestación de servicios en la Alcaldía. Y eso ya es decir bastante.
La lista es larga y todos tienen libreto propio. Alfredo Mondragón, recién elegido representante a la Cámara, quiere seguir consolidando su liderazgo. Alejandro Ocampo, ahora senador, también tiene sus propias aspiraciones y una base política importante. La concejal María del Carmen Londoño no piensa quedarse mirando desde la tribuna. Y el arquitecto David Millán también aparece en el tablero como una ficha que busca espacio en la partida.
Todos hablan de unidad. Lo curioso es que cada uno se imagina esa unidad… detrás de su propio nombre.
La izquierda caleña descubrió que ganar también tiene sus problemas. Cuando se está en la oposición, el enemigo suele estar al frente; cuando se saborea el poder, el rival muchas veces termina sentado en la misma mesa. El discurso colectivo empieza a chocar con las ambiciones individuales, y la foto de familia amenaza con convertirse en un álbum de egos.
Por ahora abundan los abrazos, las sonrisas y los mensajes de fraternidad en redes sociales. Pero en los pasillos políticos ya circula la pregunta que nadie responde en público: ¿quién será el candidato? Porque una cosa es cantar victoria y otra muy distinta decidir quién se queda con el micrófono.
En política, como en las reuniones familiares, el problema nunca es invitar a todos. El problema llega cuando hay que repartir la torta y todos creen haber llevado la harina.
Si nadie cede, la izquierda caleña podría comprobar que las divisiones más profundas no siempre las provoca el adversario. A veces nacen entre compañeros que, hasta hace unos días, marchaban bajo la misma bandera… pero soñaban con ocupar la misma silla.






