Los concejales de Cali y los diputados del Valle del Cauca, esos mismos que no suelen faltar a una rumba oficial, inauguración, coctel político o hasta un velorio, esta vez tuvieron que mirar la fiesta desde la barrera.

La razón: quedaron por fuera de la Arena USC durante la posesión del presidente Abelardo de la Espriella, realizada en Cali.

La pregunta quedó flotando en el ambiente: ¿no fueron invitados o falló el protocolo de Presidencia?

Porque si Cali fue escogida como escenario de este hecho histórico, lo mínimo —y aquí no estamos hablando precisamente de un ejército de invitados— habría sido reservar 42 sillas: 21 para los concejales de Cali y 21 para los diputados del Valle.

Y si no alcanzaba el espacio, tampoco era para ponerse tan exigentes. Una silla plegable, un banquito o, en el peor de los casos, un lugar en el tejado del famoso auditorio habría servido para que los representantes territoriales no quedaran viendo la posesión por televisión.

Porque una cosa es que los políticos locales estén acostumbrados a buscar la foto, y otra muy distinta es que, cuando llega la foto histórica a su propia ciudad, les apaguen el flash y les cierren la puerta.

El episodio deja una pregunta incómoda: ¿cómo se habla de descentralización, de regiones y de representación territorial, mientras los representantes elegidos por los caleños y vallecaucanos ni siquiera tienen una silla en el acto presidencial realizado en su casa?

Tal vez el protocolo entendió aquello de que “Cali es Cali”, pero olvidó la segunda parte: “y lo demás es loma”.

Esta vez, al parecer, el olvido fue para los concejales y diputados, que terminaron haciendo política de pie… pero afuera, como sucedió con los expresidentes Ernesto Samper Pizano y Juan Manuel Santos

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