Hay instituciones que parecen tener un imán para las tormentas. Y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) no necesita que llegue El Niño para entrar en emergencia: le basta con abrir la caja fuerte.

Mientras los expertos advierten que el fenómeno de El Niño se intensificará y podría extenderse hasta 2027, el Gobierno anunció la reasignación de $4 billones a la UNGRD por orden del presidente Gustavo Petro para atender sus efectos y fortalecer la estrategia de instalación de paneles solares en el país.

La noticia, sin embargo, llega con un inevitable sabor a déjà vu. La entidad todavía intenta salir del vendaval provocado por uno de los mayores escándalos de corrupción de los últimos años, cuyas investigaciones siguen en curso por el presunto desvío de recursos públicos que sacudió la confianza de los colombianos.

El panorama tiene algo de ironía tropical: el país se prepara para enfrentar los estragos de El Niño, mientras muchos ciudadanos temen que el verdadero fenómeno climático siga siendo la evaporación de los recursos públicos.

Porque, si la naturaleza anuncia sequía, lo que nadie quiere volver a ver es una sequía de controles y una lluvia de contratos. Al final, la pregunta no es solo si habrá suficiente agua para enfrentar El Niño, sino si habrá suficientes candados para que esos $4 billones lleguen a donde realmente se necesitan y no terminen, otra vez, convertidos en un desastre… pero administrativo.

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