La guerra en Colombia cambió de altura. Los grupos armados ilegales ya no solo disparan desde el monte: ahora también atacan desde el cielo, utilizando drones que, de aparatos comerciales relativamente económicos, han pasado a convertirse en herramientas de violencia.

La Defensoría del Pueblo lanzó una alerta por el preocupante crecimiento de los ataques armados con drones. Según su informe “Radiografía de los derechos humanos en Colombia”, entre enero y mayo de este año los incidentes aumentaron de 49 a 121, lo que representa un incremento del 146 %.

El saldo también estremece: 21 personas murieron y 145 resultaron heridas durante estos hechos, de acuerdo con las cifras citadas en el informe.

La transformación tecnológica del conflicto representa un desafío adicional para las autoridades. Guerrillas como el ELN y las disidencias de las FARC estarían recurriendo cada vez más a drones comerciales modificados para emplearlos en acciones armadas.

El fenómeno evidencia, además, que los grupos ilegales están buscando nuevas formas de atacar, reducir su exposición y aumentar su capacidad para golpear objetivos desde distancia. Es decir, la tecnología que nació para tomar fotos desde el aire ahora también está siendo utilizada para sembrar miedo desde el cielo.

La advertencia de la Defensoría deja una pregunta sobre la mesa: ¿quién está ganando la carrera tecnológica de la guerra? Porque mientras el país intenta enfrentar un conflicto que parecía del siglo pasado, los grupos armados ya están jugando con herramientas del futuro.

Y ahí está el doble problema: la guerra se modernizó, pero la capacidad del Estado para prevenirla sigue buscando señal.

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