Fabio Arias, dirigente sindical y expresidente de la CUT, dice que a los trabajadores les deben 38,5 puntos. Los empresarios hablan de aumentos mucho más moderados. Entre la justicia salarial y las cuentas electorales, el debate de 2027 ya empezó a calentar motores.

¡Agárrese el bolsillo, porque la discusión del salario mínimo para 2027 viene con cifras de infarto! La Central Unitaria de Trabajadores (CUT), a través de su expresidente Fabio Arias, puso sobre la mesa una propuesta que no pasa precisamente desapercibida: un incremento del 38,5 %. Una cifra que, de concretarse, pondría a sudar a las calculadoras y a sacar cuentas hasta al tendero de la esquina.

Arias sostiene que a los trabajadores les deben 32 puntos porcentuales, a los que suma una inflación proyectada del 6,5 %. Según su argumento, esa diferencia debe reconocerse en la negociación entre trabajadores, empresarios y Gobierno.

La justificación, explicó, se apoya en el concepto de salario vital promovido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El propósito es que los ingresos permitan cubrir las necesidades básicas de los trabajadores y sus familias.

La intención suena bien: ¿quién no quiere que el salario alcance para algo más que pagar arriendo, servicios y mercado? El problema comienza cuando la aspiración social se convierte en una cuenta que debe pasar por caja.

¡Casi tres millones! La cifra engorda, pero ¿y el bolsillo?

Con el salario mínimo de 2026 situado en $2.000.000, incluido el auxilio de transporte, aplicar un aumento del 38,5 % llevaría el total a cerca de $2,77 millones, si se calcula sobre esa misma base. Es decir, el incremento sería de unos $770.000.

Pero cuidado con la letra menuda: el auxilio de transporte tiene un tratamiento distinto del salario básico y no necesariamente aumentaría en el mismo porcentaje. Por eso, el cálculo definitivo depende de cómo se distribuya el incremento entre ambos conceptos.

La cifra impresiona. Sin embargo, hay una pregunta que no se resuelve con titulares: ¿cuánto de ese aumento terminaría convertido en poder adquisitivo real y cuánto podría diluirse si suben los precios?

Porque en Colombia el salario puede subir por el ascensor y el costo de vida treparse por las escaleras… ¡hasta encontrarse en el mismo piso!

Del 38,5 % al 8,5 %: una negociación con calculadoras enfrentadas

Mientras la CUT pone sobre la mesa su ambiciosa propuesta, algunos analistas y sectores empresariales manejan escenarios más moderados, con incrementos que se ubicarían alrededor del 8 % al 10 %, según las estimaciones mencionadas en el debate.

Mauricio Cárdenas, exministro de Hacienda y excandidato presidencial, considera que un aumento del 8,5 % sería más adecuado. Además, ha cuestionado el incremento decretado para 2026, al calificarlo de populista.

La distancia entre las posiciones es considerable: de un lado, quienes reclaman recuperar capacidad adquisitiva; del otro, quienes advierten sobre los costos laborales, la inflación y los efectos sobre el empleo formal.

Y aquí aparece el verdadero pulso: la CUT quiere que el salario dé un salto; los empresarios quieren evitar que ese salto termine aterrizando sobre los precios, la contratación o la caja de las empresas.

¿Salario vital o inflación con esteroides?

El concepto de salario vital de la OIT busca que la remuneración permita cubrir las necesidades básicas de los trabajadores y sus familias. Pero invocar ese principio no significa que cualquier porcentaje propuesto quede automáticamente justificado: también hay que explicar la metodología, la brecha que se pretende cerrar y el plazo para hacerlo.

Si los 32 puntos que menciona Arias corresponden a una brecha acumulada, será necesario conocer cómo se calculó, qué periodo abarca y cómo se relaciona con la inflación y la productividad. No basta con sumar porcentajes como quien agrega ingredientes a un sancocho económico.

Un aumento elevado puede mejorar los ingresos de quienes reciben el mínimo, pero también exige evaluar sus posibles efectos sobre las pequeñas empresas, la informalidad, los costos de producción y los precios. Del mismo modo, un incremento demasiado bajo puede prolongar las dificultades de los hogares para cubrir sus necesidades.

La discusión, por tanto, no debería convertirse en una competencia para ver quién anuncia la cifra más generosa, sino en una negociación sustentada en datos y resultados verificables.

La puja apenas comienza

El 38,5 % de la CUT es una propuesta para la negociación, no una decisión definitiva. El porcentaje final dependerá de las discusiones entre trabajadores, empresarios y Gobierno, y de los criterios económicos que se consideren para 2027.

Por ahora, cada sector afila sus argumentos: unos reclaman recuperar lo que consideran perdido; otros piden prudencia para que el remedio no termine encareciendo la enfermedad.

Porque en la mesa del salario mínimo todos quieren defender el bolsillo del trabajador, pero falta ver quién paga la cuenta cuando llega la hora de la verdad

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