Mientras unos pierden el contrato, otros parecen estar haciendo cuentas. El negocio de las basuras en Cali terminó convertido en una disputa jurídica, comercial y política por el control de un servicio que mueve millones y atiende a más de 800.000 usuarios. Y ahora aparece un nuevo ingrediente: denuncias sobre facturación y recaudo que ya prendieron las alarmas.
En Cali, hasta la basura tiene quien la quiera recoger… pero, sobre todo, quien quiera cobrar por recogerla.
El problema se remonta al 28 de enero de 2026, cuando terminaron los contratos de los cuatro operadores privados que venían prestando el servicio de aseo vinculados al esquema de Emsirva. Desde entonces, el manejo de los usuarios, la facturación, el recaudo y la operación del servicio se convirtió en un verdadero campo de batalla jurídico y comercial.
Y es que aquí no se están peleando unas cuantas bolsas de basura: está en juego el control de más de 800.000 usuarios y de un negocio de enormes dimensiones económicas.
Cuando la basura deja de ser basura
El asunto tomó todavía más temperatura después de que la revista Semana publicara un informe sobre presuntas irregularidades relacionadas con la facturación y el recaudo del servicio de aseo en Cali. La publicación menciona posibles investigaciones por conductas como peculado por apropiación en favor de terceros e interés indebido en la celebración de contratos, asuntos que deberán ser establecidos por las autoridades y no simplemente por el ruido político.
Entre los elementos que generaron controversia aparece además que una de las empresas involucradas tendría como abogado al exfiscal Mario Iguarán.
Y aquí viene la parte que deja más preguntas que respuestas: horas después, según lo señalado, la información habría desaparecido de las redes sociales.
¿Se cayó la publicación? ¿La retiraron? ¿Hubo alguna explicación? ¿O simplemente la basura informativa también tiene horario de recolección?
Por ahora, más que respuestas sobran interrogantes.
El negocio está en la bolsa
La discusión de fondo es mucho más grande que quién recoge los residuos. Está en juego quién administra el dinero que pagan cientos de miles de caleños por el servicio de aseo y quién controla el sistema de facturación y recaudo.
Y en política y negocios hay una regla que pocas veces falla: lo que para unos es una pérdida, para otros puede convertirse en una oportunidad de oro.
Los antiguos operadores perdieron contratos; otros actores buscan espacio en el nuevo escenario; abogados de alto perfil aparecen alrededor de algunas empresas y los organismos de control tienen ahora la tarea de separar las cuentas claras de las cuentas… no tan claras.
Porque en Cali parece que la basura tiene un extraño poder: sale por una puerta, pero el negocio intenta entrar por otra.
La pregunta que queda flotando es sencilla y millonaria: ¿Quién está recogiendo realmente la basura… y quién está recogiendo la plata?






