En medio del dolor dejado por el terremoto del pasado 10 de agosto, la solidaridad se convirtió en un idioma universal. En el centro de acopio de la Unidad Deportiva Alberto Galindo, personas provenientes de distintos lugares del país y del extranjero trabajan hombro a hombro para acompañar a las comunidades afectadas.

Entre cajas, alimentos, elementos de primera necesidad y largas jornadas de trabajo, el centro de acopio se ha convertido en mucho más que un punto de recepción y distribución de ayudas. Es también un escenario donde la tragedia ha logrado algo que pocas veces consigue la política: unir a personas diferentes alrededores de una misma causa.

Voluntarios extranjeros llegaron hasta Cali para aportar su tiempo y esfuerzo a las labores humanitarias. Sin importar el idioma, la nacionalidad o la distancia que los separaba de la emergencia, encontraron en el servicio una manera concreta de acompañar a quienes hoy enfrentan las consecuencias del terremoto.

Pero la solidaridad también tiene rostro local. Personas con discapacidad se han sumado a las jornadas, demostrando que una condición física no determina la capacidad de servir, aportar y acompañar a una comunidad golpeada por una tragedia.

En el Alberto Galindo se cruzan historias, acentos, experiencias y capacidades diferentes. Allí, quien llega con una caja, quien organiza una donación, quien ayuda a clasificar los elementos o simplemente ofrece su tiempo termina haciendo parte de una misma cadena de solidaridad.

La emergencia dejó edificios afectados, familias golpeadas y cientos de necesidades por atender, pero también permitió descubrir una fuerza que muchas veces permanece silenciosa: la voluntad de ayudar sin preguntar de dónde viene el otro.

Mientras las autoridades avanzan en la atención de la emergencia y las comunidades intentan recuperar la normalidad, los voluntarios continúan trabajando.

Porque cuando la tierra tiembla, las fronteras desaparecen.

Y en el Alberto Galindo quedó demostrado que para ayudar no se necesita pasaporte, ni condición, ni discurso: basta con tener voluntad y corazón.

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