En el Concejo de Cali hay un nuevo deporte extremo: revisar cada cinco minutos el correo institucional, la ventanilla única y la Secretaría General. No porque esperen una invitación a un desayuno de trabajo, sino porque una publicación atribuida a la revista Semana aseguró que la Fiscalía citaría a imputación de cargos a los concejales Andrés Escobar y Daniella Plaza por el proceso de elección del contralor.
Lo curioso es que, hasta ahora, la Mesa Directiva sostiene que no existe una sola notificación oficial. Ni en la Secretaría General, ni en la ventanilla única, ni en el correo dispuesto para recibir comunicaciones judiciales. En otras palabras, el supuesto invitado a la fiesta todavía no ha recibido la tarjeta de invitación.
Pero en política el miedo suele viajar más rápido que el mensajero. Mientras unos preguntan dónde está la notificación, otros ya preguntan cuánto cobra el abogado. Porque, como dice el viejo refrán, «más vale tener defensor antes que sorpresa».
En los pasillos del Concejo el ambiente es digno de una novela judicial. Unos aseguran que todo es cuestión de horas; otros sostienen que no hay absolutamente nada; y los más prudentes prefieren guardar silencio… aunque ya tengan el número del penalista guardado entre los contactos favoritos.
La situación deja una reflexión inevitable: en Colombia, muchas veces los rumores llegan en primera clase y las notificaciones oficiales vienen caminando. La noticia corre, las redes explotan y los implicados terminan enterándose por titulares antes que por los canales institucionales.
Mientras tanto, la elección del contralor sigue proyectando una larga sombra sobre el cabildo caleño. Si finalmente existe una actuación formal de la Fiscalía, serán las autoridades competentes las que deberán comunicarla y garantizar el debido proceso. Si no existe, el episodio volverá a demostrar que, en la política, una publicación puede provocar más taquicardia que una citación oficial.
Por ahora, la única certeza parece ser que en el Concejo de Cali aumentó la demanda de asesorías jurídicas. Porque cuando el rumor toca la puerta, más de uno prefiere tener al abogado sentado en la sala… por si acaso el cartero decide aparecer.






