La nueva administración recibió, según su propio diagnóstico, una Fuerza Pública con serias dificultades financieras y operativas. El ministro de Defensa, general (r) Jorge Eduardo Mora, aseguró que el gobierno de Gustavo Petro entregó una institución “con las alas cortadas”, en medio de un déficit que ascendería a 14 billones de pesos y problemas para mantener operativos buena parte de los equipos aéreos.
Uno de los principales focos de preocupación está en la capacidad de movilidad de las Fuerzas Militares. De acuerdo con el informe presentado por el Gobierno, de los 19 helicópteros MI-17, solamente 8 estarían operacionales, mientras que de los 49 helicópteros UH-60, 18 no estarían disponibles debido a mantenimiento o falta de recursos.
El panorama tampoco sería alentador en la Fuerza Aeroespacial Colombiana. De un inventario de 386 aeronaves, 131 no estarían operacionales, mientras que la disponibilidad para vuelo se ubicaría apenas en el 52 %.
En otras palabras, mientras las amenazas no piden permiso para operar, una parte importante de las aeronaves estaría esperando recursos, repuestos o mantenimiento. La guerra sigue volando, pero algunos de los aviones y helicópteros no.
La cuenta también llegó a la Policía
El problema financiero, según el diagnóstico oficial, no se limitaría a las Fuerzas Militares. La Policía Nacional enfrentaría un déficit cercano a 1,7 billones de pesos para cubrir los gastos de personal durante 2026.
La siuación pone nuevamente sobre la mesa el debate sobre la financiación de la seguridad y la capacidad real del Estado para garantizar la operación de sus Fuerzas Armadas y de Policía.
El Gobierno de De la Espriella deberá ahora determinar qué parte del déficit corresponde a compromisos heredados, qué recursos hacen falta para recuperar la capacidad operacional y si existieron decisiones administrativas que contribuyeron al deterioro denunciado.
El diagnóstico es contundente: menos aeronaves disponibles, dificultades de mantenimiento y un hueco financiero de proporciones millonarias.
Y si la expresión popular dice que cuando se entrega una casa sin muebles quedó “la olla raspada”, en este caso la pregunta es más seria: ¿Quién dejó la olla vacía y cuánto costará volver a llenarla para que la Fuerza Pública pueda volver a despegar?






