La familia de Jorge Eliécer Gaitán decidió poner sobre la mesa una pregunta que muchos se hacían en voz baja: ¿cómo fue que el nombre de uno de los líderes políticos más importantes de la historia de Colombia terminó estampado en la fachada de una organización criminal? Por eso le pidió al presidente electo, Abelardo de la Espriella, que una vez llegue a la Casa de Nariño derogue la resolución que permitió al Clan del Golfo presentarse como “Ejército Gaitanista de Colombia” dentro de los acercamientos de paz impulsados por el gobierno saliente.
La solicitud tiene algo de reclamo histórico y mucho de sentido común. Porque una cosa es heredar una ideología y otra muy distinta apropiarse del apellido. Sería como si un grupo de piratas decidiera llamarse “Asociación Náutica Simón Bolívar” y esperara que nadie levantara una ceja.
Para los descendientes del caudillo liberal, el nombre de Gaitán representa unas banderas políticas y sociales que poco o nada tienen que ver con el narcotráfico, la extorsión o el control armado de territorios. En otras palabras, consideran que una cosa es el gaitanismo y otra muy distinta el “gaitanismo con fusil”.
El debate también deja una pregunta incómoda sobre los alcances de la Paz Total. En el afán de sentar a todos los actores armados en la mesa, algunos creen que se terminaron concediendo reconocimientos simbólicos que hoy resultan difíciles de explicar. Porque negociar es una cosa; rebautizar la historia es otra.
Ahora la pelota queda en el campo de Abelardo de la Espriella, quien deberá decidir si mantiene la resolución o le devuelve a Gaitán la exclusividad de su apellido. Al final, parece que en Colombia no solo se disputan los territorios y el poder político; también los nombres. Y en esta ocasión, la familia del caudillo dejó claro que hay marcas registradas que no están dispuestas a ceder.






