Lo que debía ser un debate de ideas terminó convertido en una insólita competencia de melanina en el Congreso. Los protagonistas: Estefanel Gutiérrez Pérez, abogado y representante de Cambio Radical, y Óscar David Benavides Angulo, representante de las comunidades afrocolombianas, raizales y palenqueras para el periodo 2026–2030.
En medio de una acalorada discusión, los dos congresistas intercambiaron una y otra vez la misma curiosa afirmación: “¡Yo soy más negro que usted!”
Sí, leyó bien. Mientras el país espera que sus congresistas se enfrenten por proyectos de ley, presupuesto, seguridad, empleo o corrupción, estos dos ilustres parlamentarios terminaron protagonizando una especie de “concurso de negrura”, como si la representación política se pudiera medir con una carta de tonos de pintura.
La escena resulta tan absurda como preocupante. La identidad afrocolombiana no es un trofeo para ver quién tiene más derecho a hablar, ni la condición racial debería convertirse en argumento de superioridad frente al otro.
El episodio dejó una pregunta flotando en el recinto: ¿cuándo el Congreso pasó de debatir quién tiene mejores argumentos a discutir quién tiene más pigmento?
Porque si la vara para medir la calidad de un congresista termina siendo el color de su piel, apague y vámonos: el debate democrático quedó en blanco y negro.
Y mientras ellos discutían quién es “más negro”, millones de colombianos siguen esperando que sus representantes demuestren quién es más serio, quién trabaja más y quién tiene mejores resultados.
El Congreso no necesita una competencia de colores. Necesita debates con altura… aunque algunos hayan decidido llevarlos por otro tono.






