Si algo tiene el petrismo es que, cuando pierde una batalla, suele empezar a mirar el siguiente tablero. Y la próxima jugada, según este planteamiento político, no estaría en las elecciones presidenciales inmediatas, sino en tomarse las principales alcaldías y gobernaciones del país para construir desde los territorios la plataforma que le permita regresar a la Casa de Nariño dentro de cuatro años.

La apuesta sería ambiciosa: conquistar las alcaldías de Bogotá, Cali, Medellín, Santa Marta, Cartagena, Barranquilla y Pasto, además de poner fichas políticas en gobernaciones estratégicas como Valle del Cauca, Nariño, Antioquia, Cundinamarca, Bolívar y Atlántico.

La lógica es sencilla: quien controla buena parte del territorio tiene maquinaria política, capacidad de movilización, visibilidad pública y una vitrina electoral nada despreciable. En política, cuatro años pueden parecer una eternidad, pero con alcaldías y gobernaciones en el bolsillo, el calendario comienza a correr bastante más rápido.

El objetivo sería convertir las elecciones territoriales en una especie de ensayo general para la próxima presidencial. Alcaldes y gobernadores afines podrían convertirse en los principales amplificadores de un proyecto político nacional, mientras el petrismo intenta recuperar espacios que perdió o que nunca logró conquistar.

Y aquí aparece el verdadero doble sentido de la jugada: no se trataría simplemente de ganar elecciones, sino de ganar territorio. Porque en política colombiana, quien pone alcalde pone buena parte de la agenda local; quien pone gobernador consigue otro pedazo del tablero; y quien logra coordinar ambos puede terminar armando una maquinaria electoral de considerable tamaño.

Bogotá sería el premio mayor. Medellín, Cali y Barranquilla representan plazas políticas y electorales de enorme peso. Cartagena y Santa Marta tienen además una importancia estratégica en la Costa Caribe, mientras Pasto permitiría fortalecer la presencia en el sur del país.

Las gobernaciones tampoco serían un asunto menor. Valle, Antioquia, Nariño y Cundinamarca, junto con Bolívar y Atlántico, representan territorios con peso electoral, económico y político suficiente para convertirse en piezas clave de cualquier proyecto presidencial.

Claro está, conquistar ese mapa no será precisamente coser y cantar. El petrismo tendría que enfrentar a sectores de derecha, centro, movimientos regionales y liderazgos independientes que tampoco están dispuestos a entregar las alcaldías como quien entrega las llaves de la casa.

La pregunta, entonces, no es solamente quién ganará las próximas elecciones territoriales. La verdadera pregunta es quién utilizará esas elecciones como trampolín para la presidencial siguiente.

El petrismo parece entender que para volver a intentar conquistar la Casa de Nariño primero necesita conquistar las casas de gobierno locales.

La jugada está cantada: primero alcaldías, luego gobernaciones y, si las cuentas cuadran, otra vez la Presidencia. Porque en política, el que controla el mapa suele terminar preguntando quién tiene las llaves.

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