Cuando faltan apenas dos semanas para entregar las llaves de la Casa de Nariño, el presidente Gustavo Petro parece decidido a que su despedida no sea con abrazos, sino con la billetera de los colombianos en cuidados intensivos.

La Dian acaba de radicar una nueva reforma tributaria con la que el Gobierno busca recaudar 22 billones de pesos, en el cuarto intento de modificar el sistema tributario durante este mandato. Entre las propuestas que más polémica generan aparece la posibilidad de gravar con IVA la gasolina, una medida que inevitablemente terminaría sintiéndose en el bolsillo de millones de ciudadanos.

El momento político no pasa desapercibido. Para sus críticos, la iniciativa luce como un regalo de despedida con sabor a castigo, justo después de que el candidato respaldado por el petrismo, Iván Cepeda, no alcanzara la Presidencia. La sensación que intentan transmitir es que, si no hubo continuidad en las urnas, al menos quedará una factura para el próximo gobierno… y para los contribuyentes.

Porque en Colombia ya no basta con que suba la gasolina por los precios internacionales: ahora también podría llevar el sello de «más IVA, por favor». El combustible pasaría de mover vehículos a mover la indignación nacional.

Al final, la pregunta queda sobre la mesa: ¿es una reforma indispensable para las finanzas del Estado o el último capítulo de un gobierno que decidió que, antes de irse, era mejor dejar el tanque lleno… de impuestos?

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