El Pacto Histórico parece haber entendido que después del poder viene el micrófono. Este miércoles 26 de agosto, el senador y excandidato presidencial Iván Cepeda, acompañado por el expresidente Gustavo Petro, presentó el llamado “Gabinete por la Vida”, una especie de gobierno paralelo destinado a vigilar, cuestionar y formular propuestas frente a la administración del presidente Abelardo de la Espriella.

La nueva criatura política reúne a 13 figuras, buena parte de ellas provenientes del gobierno anterior. La nómina incluye a exministros como Guillermo Alfonso Jaramillo, Germán Ávila, Yolanda Villavicencio, Daniel Rojas, Antonio Sanguino e Irene Vélez, además de Andrés Camacho y Juan David Correa, antiguos responsables de Minas y Cultura.

El detalle curioso es que ya no tendrán despacho, presupuesto ministerial ni la obligación de responder desde el Gobierno por sus decisiones. Ahora tendrán algo que en política suele ser mucho más cómodo: la posibilidad de mirar desde la barrera y señalar las faltas del toro.

El Pacto Histórico asegura que el denominado gabinete buscará articularse con su bancada y con organizaciones sociales para ejercer oposición y presentar propuestas. En otras palabras, cambió la corbata de gobierno por la camiseta de oposición, y lo que antes se anunciaba desde el Palacio ahora se pretende cuestionar desde la sombra.

La iniciativa también deja una pregunta flotando en el ambiente político: ¿será este un verdadero equipo de oposición o el intento de mantener vivo un gobierno que ya salió por la puerta principal?

Porque durante cuatro años tuvieron ministerios, escritorios, presupuesto, funcionarios y poder para intentar transformar el país. Ahora, sin el timón en las manos, anuncian que vigilarán desde la orilla a quien quedó manejando el barco.

Así las cosas, el antiguo gabinete cambia de oficio: de gobernar a vigilar, de firmar decretos a firmar críticas y de tener el poder en las manos a intentar tenerlo en la sombra.

El “Gabinete por la Vida” apenas comienza. Falta saber si será una verdadera alternativa política o simplemente la sala de espera del próximo intento de volver al poder.

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