La cobertura incompleta del MIO, la desaparición gradual de las busetas del TPC y el crecimiento del transporte informal evidencian la falta de una política integral de movilidad para Cali.

atraviesa uno de sus momentos más inciertos. Mientras el sistema masivo MIO moviliza poco más de 300 mil pasajeros diarios y el Transporte Público Colectivo (TPC) ronda los 150 mil usuarios al día, el transporte informal gana terreno en numerosos sectores de la ciudad, convirtiéndose en la alternativa para miles de ciudadanos que no encuentran una oferta suficiente y eficiente.

El problema, advierten distintos sectores, no es únicamente de cifras, sino de cobertura y planificación. El MIO aún no llega al 100 % del territorio urbano y muchas comunas continúan con dificultades de acceso y largas esperas. Al mismo tiempo, las tradicionales busetas del TPC desaparecen gradualmente, reduciendo opciones de movilidad para barrios donde el sistema masivo no logra responder plenamente a la demanda.

El resultado es una ciudad fragmentada en materia de transporte: quienes viven en zonas bien conectadas tienen alternativas, mientras otros dependen de rutas informales, mototaxis o servicios no regulados para llegar a sus trabajos, estudios o centros de salud.

Debates sin soluciones

La situación también ha generado cuestionamientos al papel de las autoridades locales. En el Concejo de Cali se realizan plenarias, audiencias y debates sobre movilidad, pero muchos ciudadanos perciben que las discusiones terminan sin decisiones concretas. Se anuncian estudios, diagnósticos y mesas técnicas, pero las soluciones estructurales siguen sin aparecer.

Expertos en movilidad señalan que Cali carece de una política integral que articule al MIO, al TPC, a los sistemas complementarios y a las nuevas formas de transporte urbano. Sin esa visión de largo plazo, cada administración termina atendiendo urgencias sin resolver el problema de fondo.

Un millón de usuarios en la incertidumbre

La preocupación crece porque más de un millón de caleños dependen diariamente del transporte público para sus actividades. El deterioro financiero del MIO, la reducción progresiva de las busetas y el aumento del transporte informal configuran un escenario donde la pregunta ya no es solo cómo movilizar a la ciudad, sino quién garantizará ese servicio en los próximos años.

Por ahora, el diagnóstico parece claro: Cali debate mucho sobre movilidad, pero avanza poco en soluciones. Y mientras los estudios se acumulan en los escritorios, miles de ciudadanos siguen esperando un sistema de transporte que realmente conecte a toda la ciudad.

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