Si alguien pensó que Armando Benedetti iba a despedirse de la política en silencio, se equivocó. El ministro del Interior aseguró que hoy se siente como un «cadáver político», confesó que no tiene fuerzas para nada y que incluso contempla un retiro «permanente».
La declaración deja una imagen curiosa: un cadáver que sigue concediendo declaraciones y que, como en las mejores historias de suspenso, parece resistirse a abandonar el escenario. En la política colombiana, más de uno ha firmado su acta de defunción pública para reaparecer, tiempo después, con un nuevo cargo o una nueva campaña.
Benedetti también evitó pronunciarse sobre la instalación del Congreso y recordó que, desde mayo, ha procurado mantenerse alejado de los micrófonos. Una decisión llamativa para uno de los protagonistas más visibles de los últimos años, acostumbrado a ocupar titulares tanto por sus declaraciones como por las controversias que lo rodean.
En un país donde los retiros políticos suelen parecer vacaciones con fecha de regreso, la pregunta queda abierta: ¿será esta la despedida definitiva o simplemente otra pausa antes del próximo capítulo? Porque, en Colombia, los «cadáveres políticos» tienen una sorprendente costumbre de volver a caminar cuando se acercan las elecciones






