Dicen que el papel aguanta todo, pero esta vez la demanda de nulidad presentada por el abogado y exmagistrado Luis Guillermo Pérez parece poner a prueba más la paciencia de los jueces que la solidez del derecho. Hay quienes comentan, con la ironía propia de los pasillos judiciales, que hasta un estudiante de primer semestre de Derecho tendría argumentos suficientes para desmontar una acción que pretende anular una elección presidencial apoyándose en una mezcla de supuesta doble nacionalidad del presidente electo, presunta injerencia extranjera, un discurso calificado como estigmatizador y cuestionamientos al conteo de votos en el exterior.
En el mundo jurídico suele decirse que una demanda vale tanto como las pruebas que la sostienen. Por eso, más de uno se pregunta si este proceso terminará siendo un verdadero debate constitucional o simplemente otro capítulo de la política litigiosa, donde algunas demandas parecen escritas más para los titulares que para prosperar en los estrados. Al fin y al cabo, una cosa es presentar una acción judicial y otra muy distinta convencer a un juez de que los argumentos tienen el peso suficiente para derribar la voluntad expresada por millones de electores.






