Mucho ruido, muchas promesas y, al final, el Valle del Cauca terminó mirando desde la tribuna cómo se repartió el nuevo Gobierno. El llamado «Gobierno del Tigre» dejó al departamento sin representación en el gabinete nacional, una señal que para muchos refleja la pérdida de peso político de una región que hace algunos años marcaba la agenda nacional.

La gran «conquista» terminó siendo que la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella se realizará en Cali. Un hecho histórico, sin duda, pero que no reemplaza una silla en el Consejo de Ministros ni garantiza decisiones para una región que sigue esperando mayor protagonismo en el Gobierno Nacional.

La pregunta queda flotando en el ambiente: ¿Dónde están los congresistas del Valle? En época de campaña abundan las fotografías, los abrazos y los discursos sobre la defensa de la región. Pero cuando llega la hora de negociar espacios de poder, pareciera que el GPS de la dirigencia vallecaucana pierde la señal.

Mientras otras regiones celebran ministerios, direcciones y altos cargos, el Valle parece conformarse con el honor de prestar el escenario. Es como organizar la fiesta, poner la casa, servir el banquete… y quedarse viendo cómo otros se llevan los regalos.

La ausencia de representación en el alto Gobierno abre un debate inevitable sobre el liderazgo político regional. ¿Se debilitó la capacidad de gestión de la bancada vallecaucana? ¿Faltó unidad? ¿O simplemente el Valle dejó de ser prioridad en el ajedrez político nacional?

Lo cierto es que, por ahora, el balance deja un sabor amargo: el Valle tendrá los reflectores durante la posesión presidencial, pero cuando se apaguen las cámaras, la región seguirá preguntándose si el aplauso alcanzará para compensar la ausencia de poder. Porque, como dice el viejo refrán adaptado a la política criolla, no siempre el que presta la casa termina sentado en la mesa principal.

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