Y cuando parecía que el libreto ya había agotado todas sus temporadas, apareció un nuevo capítulo: ahora algunos sostienen que, si ningún candidato alcanza el 50% de la votación, habría que repetir las elecciones.

La creatividad política colombiana no tiene límites. Primero se cuestiona el preconteo, luego se anuncian impugnaciones masivas, después aparecen los testigos digitales y ahora surge una interpretación electoral que muchos ciudadanos jamás habían escuchado en décadas de elecciones presidenciales.

Como decía la abuela, «el que no gana, empata; y el que no empata, pide repetir el partido». Porque al parecer el objetivo ya no es contar los votos sino encontrar una fórmula donde el resultado termine siendo más conveniente.

Lo curioso es que las reglas electorales suelen conocerse antes de abrir las urnas y no después de conocer los resultados. De lo contrario, cada elección sería como un campeonato donde el reglamento se reescribe en el camerino cuando termina el encuentro.

Entre preconteos que antes servían y ahora no, impugnaciones multitudinarias, testigos digitales y teorías de nuevas elecciones, algunos parecen empeñados en demostrar que la derrota no es una posibilidad política sino apenas un problema de interpretación. Y mientras tanto, los colombianos observan cómo ciertos dirigentes buscan una segunda vuelta… después de haber jugado la segunda vuelta.

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