El presidente Abelardo de la Espriella comenzó su Gobierno con una apuesta clara: seguridad, mano dura y ofensiva contra el crimen organizado y el narcotráfico.

Durante su primer mes, el Ejecutivo ha puesto el foco en capturas, incautaciones y operaciones de la Fuerza Pública, buscando mostrar resultados rápidos frente a uno de los principales problemas que enfrenta el país.

La estrategia apunta a recuperar el control territorial y golpear las estructuras criminales, mientras el Gobierno intenta convertir sus promesas de campaña en resultados concretos.

Pero no todo marcha a la misma velocidad. En materia económica, algunas de las medidas de recorte y ajuste anunciadas durante la campaña han sido aplazadas, lo que deja abierta la pregunta de hasta dónde llegará el llamado ajuste del nuevo Gobierno.

Por ahora, De la Espriella parece tener claro su primer mandamiento: primero seguridad, después las tijeras. El verdadero examen será si la mano dura logra traducirse en menos delincuencia y mayor tranquilidad para los colombianos.

El presidente Abelardo de la Espriella parece haber encontrado su fórmula para arrancar Gobierno: mano dura al estilo Bukele, pero recortes económicos al estilo Milei… por ahora, en sala de espera.

Durante su primer mes en la Casa de Nariño, el mandatario ha concentrado buena parte de su discurso en la seguridad, las operaciones militares, las capturas y la lucha contra el narcotráfico, mientras promociona un conteo de los resultados de la Fuerza Pública como una de las principales cartas de presentación de su administración.

La estrategia busca mostrar rápidamente resultados frente al crimen organizado y recuperar la sensación de autoridad y control territorial.

Pero mientras la seguridad avanza con el acelerador a fondo, la motosierra económica parece haber quedado estacionada. Varias de las medidas de recorte y ajuste que De la Espriella defendió durante la campaña han sido aplazadas.

Y ahí aparece una de las primeras contradicciones del nuevo Gobierno. Sectores políticos de derecha ya cuestionan que el Ejecutivo pretenda aprobar un Presupuesto General de la Nación más abultado que el presentado durante el Gobierno de Gustavo Petro, algo que genera interrogantes sobre la verdadera dimensión del ajuste fiscal prometido.

En otras palabras, el Gobierno parece querer la mano de Bukele y el discurso de Milei, pero con una chequera que todavía no quiere adelgazar.

El primer mes deja así una administración que busca mostrar músculo en seguridad, mientras en economía deberá demostrar si las tijeras realmente van a cortar el gasto o si terminarán siendo otro elemento del discurso presidencial.

Porque gobernar con mano dura puede ser una decisión política. Gobernar con las cuentas claras, en cambio, es una obligación matemática.

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