El hombre que alguna vez fue presentado como gestor de paz durante el Gobierno Petro terminó en el listado de los abatidos en la Operación Amón. El caso vuelve a poner sobre la mesa las contradicciones y el costo de las negociaciones con las disidencias armadas.

La guerra volvió a hablar más fuerte que los discursos de paz. Un bombardeo realizado en la madrugada de este jueves 27 de agosto de 2026, en zona rural de El Retorno, Guaviare, dejó 11 integrantes de las disidencias de las Farc muertos, entre ellos Juan Antonio Agudelo Salazar, alias ‘Urías Perdomo’, y alias ‘Giovanni Bonito’, señalados como hombres cercanos a alias ‘Calarcá’.

La operación, denominada Amón, fue ejecutada por las Fuerzas Militares contra una estructura de las disidencias que tendría presencia en esta región del país. Según la información conocida, entre los objetivos estaba ‘Urías Perdomo’, por quien el Ministerio de Defensa había llegado a ofrecer una recompensa de hasta $400 millones.

Pero la historia de ‘Urías’ tiene un capítulo que resulta especialmente llamativo: en 2024 fue designado como gestor de paz durante el Gobierno de Gustavo Petro, en el marco de los acercamientos oficiales con grupos armados.

Ahora, dos años después, aquel supuesto facilitador de la paz terminó abatido en una operación militar. De las mesas de diálogo a las coordenadas de un bombardeo: el camino resultó bastante más corto de lo que prometían los discursos.

Las autoridades señalan a ‘Urías Perdomo’ como una figura de importancia dentro de la estructura de ‘Calarcá’. Su muerte, junto con la de otros diez integrantes de la organización armada, representa un golpe a esa facción de las disidencias en Guaviare.

El episodio también reabre el debate sobre la política de “paz total”, particularmente sobre la participación de integrantes de grupos armados en procesos de negociación mientras, paralelamente, las estructuras continúan vinculadas a actividades criminales y acciones armadas.

La operación deja así una paradoja difícil de ignorar: un hombre que ayer tenía el rótulo oficial de “gestor de paz”, hoy aparece en el balance de una operación militar contra una organización que el Estado combate.

La paz, esta vez, no llegó con una firma ni con una mesa de diálogo. Llegó en forma de operativo militar y dejó once muertos.

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