Dicen que en política el enemigo está al frente… pero, por estos días, en el Pacto Histórico parece que también se sienta en la misma mesa.

Lo que comenzó como un nuevo capítulo de la confrontación entre el representante Alfredo Mondragón y la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, terminó convirtiéndose en un inesperado cruce de opiniones dentro del propio Gobierno. El ministro de Educación, Daniel Rojas, salió a marcar distancia con la actitud del congresista y calificó como una «persecución» el episodio protagonizado tras una audiencia de conciliación con la mandataria departamental.

Rojas, a través de su cuenta en X, pidió bajar la temperatura del debate y elevar el nivel de la discusión política, dejando claro que las diferencias deben enfrentarse con argumentos y no convirtiendo cada desacuerdo en un espectáculo de redes sociales.

El episodio dejó una imagen poco habitual: mientras desde la oposición celebran cada fisura del oficialismo, dentro del Pacto Histórico algunos empiezan a preguntarse si el verdadero desgaste no lo están provocando sus propios compañeros. Porque una cosa es hacer control político y otra muy distinta es convertir cada encuentro en una persecución personal.

En el Valle, donde la confrontación entre Mondragón y Dilian Toro ya parece una serie con varias temporadas, la intervención del ministro cayó como un balde de agua fría para quienes esperaban un respaldo irrestricto al congresista.

Al final, la escena deja una reflexión con algo de humor y bastante realidad: en el Pacto Histórico ya no solo hay debate interno; también apareció el «VAR político», donde un ministro le pita falta a un compañero de equipo. Y cuando eso ocurre, más de uno empieza a preguntarse si el partido se está jugando contra el rival… o contra sí mismo

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