Colombia estuvo, según el procurador general de la Nación, Eljach Pacheco, ante el riesgo de no realizar las elecciones presidenciales. La advertencia fue hecha durante la conmemoración del Día de Lucha contra la Corrupción, donde el jefe del Ministerio Público destacó el papel de las autoridades electorales y de control para evitar que el país se quedara sin cumplir su calendario democrático.
Eljach hizo un reconocimiento al entonces contralor general Carlos Hernán Rodríguez y al registrador nacional Hernán Penagos, por la implementación del denominado programa de Paz Electoral, iniciativa que buscaba garantizar unas elecciones transparentes, seguras y libres de violencia.
El procurador fue categórico al señalar que las acciones preventivas adelantadas por estas instituciones fueron determinantes para que finalmente los colombianos pudieran acudir a las urnas.
Según Eljach, “no iba a haber elecciones”, una afirmación que pone sobre la mesa la dimensión de las amenazas y riesgos que, de acuerdo con su versión, rodearon el proceso electoral.
Una alerta que llegó antes de las urnas
La iniciativa de Paz Electoral surgió en un escenario marcado por tensiones políticas, denuncias de posibles irregularidades y cuestionamientos sobre el proceso electoral.
Eljach explicó que la estrategia permitió identificar riesgos, anticiparse a posibles escenarios de crisis y despejar obstáculos que podían comprometer el cumplimiento del calendario electoral.
En ese contexto, destacó la coordinación entre la Procuraduría, la Contraloría y la Registraduría para prevenir situaciones que pudieran impedir el normal desarrollo de las elecciones.
El riesgo no era precisamente de quedarse sin papeletas
Las declaraciones del procurador abren un interrogante de fondo: ¿qué circunstancias llevaron a las autoridades a considerar que estaba en riesgo la realización de las elecciones presidenciales?
Eljach sostuvo que la prevención permitió evitar que esos riesgos terminaran afectando el proceso democrático y afirmó que, gracias a las actuaciones adelantadas, hoy Colombia cuenta con un presidente elegido “legítima y legalmente por los colombianos” y con un Congreso instalado dentro del calendario previsto.
La declaración adquiere especial relevancia porque, de confirmarse la gravedad del escenario descrito, la democracia colombiana habría estado caminando por una cuerda floja mientras el país discutía sobre política, fraude y poder.
Y ahí está la ironía: mientras unos hablaban de quién iba a ganar las elecciones, otros estaban tratando de garantizar que hubiera elecciones para poder ganar o perder.
Por ahora, el mensaje del procurador deja una conclusión política y otra institucional: la prevención evitó que el calendario electoral se convirtiera en calendario de incertidumbre.
Colombia finalmente votó. Hubo presidente y hubo Congreso. Pero la pregunta que queda flotando es inevitable: ¿qué estuvo a punto de impedir que los colombianos llegaran a las urnas y por qué el país no conoció antes la magnitud de ese riesgo?






