En la política colombiana nunca falta quien haga maletas ajenas. Apenas el senador del Pacto Histórico propuso que Iván Cepeda considere una candidatura a la Alcaldía de Bogotá en 2027, comenzaron las cuentas alegres y las calculadoras electorales. Total, en política primero se reparte el ponqué y después se pregunta si hay fiesta.

El argumento suena estratégico: «el progresismo requiere empezar a trabajar». Traducido del dialecto político, significa que ya arrancó la temporada de buscar candidato antes de que aparezcan más candidatos que votos. Porque en este negocio el reloj electoral siempre corre más rápido que el calendario.

Eso sí, la invitación tiene letra menuda. Si Cepeda decide lanzarse por el Palacio Liévano, tendría que renunciar a la posibilidad de posesionarse como senador en el siguiente período. Es decir, cambiar una curul asegurada por una aventura en las urnas, donde los discursos pesan menos que los resultados y las promesas suelen tener fecha de vencimiento.

La propuesta también deja una pregunta en el aire: ¿se trata de fortalecer al progresismo o de comenzar el tradicional juego del «quítate tú para ponerme yo»? Porque en la política criolla los relevos rara vez son espontáneos; casi siempre vienen acompañados de sonrisas, abrazos y una calculadora escondida en el bolsillo.

Al final, la decisión será de Iván Cepeda. Pero mientras él lo piensa, otros ya hacen campaña por él, le organizan la agenda y hasta le cambian la dirección de la oficina. En Colombia hay políticos que todavía no anuncian su candidatura, pero ya tienen quien les empaque los archivos… y quien les reserve el próximo despacho

 

 

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