En Cali todavía falta bastante para las elecciones de 2027, pero en política el que madruga no siempre gana… aunque sí alcanza a apartar puesto.
El nuevo mapa político comienza a moverse y tres nombres aparecen inevitablemente en la conversación: Abelardo de la Espriella, Alejandro Eder y los aspirantes que ya empiezan a mirar con apetito la Alcaldía de Cali.
De la Espriella, recién llegado a la Casa de Nariño, tendrá una prueba de fuego en las elecciones territoriales: demostrar si el caudal político que lo llevó a la Presidencia también alcanza para poner concejales, disputar la Alcaldía y quedarse con una buena tajada del poder local.
Mientras tanto, Alejandro Eder tendrá que administrar algo más que la ciudad: su propia herencia política. Seguridad, movilidad, obras, reconstrucción y ejecución de gobierno serán parte del examen que determinará si su administración llega fortalecida a la recta final o si sus contradictores empiezan a hacerle la cuenta regresiva.
Y al otro lado ya se escuchan los motores. Los aspirantes a la Alcaldía comienzan a sacar calculadora, a contar votos y, sobre todo, a buscar quién les presta el paraguas político para no quedar mojados en la campaña.
La pelea no será solamente entre candidatos. Será una disputa por el control del Concejo, las alianzas partidistas, las estructuras electorales y el futuro político de Cali.
De la Espriella quiere demostrar que su fenómeno nacional puede convertirse en poder territorial. Eder necesita defender su administración y conservar espacio político. Y los aspirantes tendrán que convencer a los caleños de que tienen algo más que una buena foto, un discurso bonito y una lista de promesas.
Por ahora nadie reconoce estar en campaña. ¡Faltaba más! Todos dicen que están concentrados en gobernar, trabajar o escuchar a la ciudadanía.
Pero en los corrillos políticos ya comenzaron las reuniones, las llamadas y el conteo de votos.
Porque en Cali hay una tradición que nunca cambia: cuando todavía falta mucho para las elecciones, ya hay más candidatos que votos disponibles.
Y la pregunta que queda sobre la mesa es sencilla:
¿Quién se queda con la silla de Eder y quién termina sentado… en la banca?




