Dos ilustres vallunos terminaron quedándose con los crespos hechos en la carrera por convertirse en fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda. La política, como el despecho, tiene la mala costumbre de ilusionar primero y dejar el visto después.

Por un lado, apareció Maurice Armitage, el empresario del acero, la caña y las buenas maneras, quien primero amagó con lanzarse al charco presidencial, pero apenas sintió la temperatura del agua decidió guardar la pantaloneta. Después empezó a hablar maravillas de Cepeda, casi como quien manda indirectas esperando que lo inviten al baile. Sin embargo, en la campaña parece que leyeron el mensaje… pero nunca respondieron.

Y por el otro lado quedó Roy Barreras, viejo zorro de la política nacional, quien no ocultó su molestia luego de sentirse desconocido por la campaña cepedista. Roy, acostumbrado a ser protagonista hasta en las pausas comerciales, terminó descubriendo que en política también existe el “gracias por participar”.

La situación dejó un curioso retrato del ajedrez político colombiano: empresarios buscando camiseta ideológica de última hora y veteranos del Congreso reclamando derechos adquiridos como si la vicepresidencia fuera un plan de fidelización.

Al final, Cepeda parece haber dejado claro que en su proyecto no todo el que aplaude entra a la foto. Y mientras Armitage guardó nuevamente el casco empresarial y Roy afila discursos con sabor a reclamo elegante, en el Valle del Cauca muchos ya comentan que más de uno confundió cercanía política con reserva confirmada en Palacio

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