El Gobierno puede sacar pecho por las capturas, pero las cifras oficiales cuentan una historia bastante menos espectacular: la mayoría corresponde a delincuentes sorprendidos en flagrancia por delitos comunes, mientras el volumen total está lejos de ser un récord histórico.

La seguridad se convirtió en uno de los principales escaparates del primer mes del Gobierno de Abelardo de la Espriella. En redes sociales, las cifras de capturas han servido para mostrar resultados contundentes contra la delincuencia. Sin embargo, cuando se baja el volumen de la propaganda y se sube el volumen de los datos, el panorama resulta bastante más terrenal.

La Policía Nacional confirmó que entre el 7 de agosto y el 1 de septiembre se registraron 13.580 capturas en Colombia, una cifra incluso superior a la reportada inicialmente por el propio mandatario en su cuenta de X.

Hasta ahí, buenas noticias. El problema aparece cuando se pregunta qué significan realmente esas 13.580 capturas.

Según los registros del Siedco, sistema de información de la Policía Nacional, el número se encuentra cerca de 500 capturas por encima del promedio registrado durante los últimos tres años para esas mismas semanas. Es decir, sí hay un incremento, pero tampoco se trata precisamente de descubrir América ni de haberle puesto esposas a medio país criminal.

De hecho, la cifra tiene un dato que enfría bastante la celebración: es la quinta más baja de los últimos 16 años para ese mismo periodo.

La letra pequeña de las capturas

Otro detalle importante está en la naturaleza de las operaciones.

Aproximadamente el 87 % de las capturas se produjo en flagrancia, principalmente por delitos como microtráfico, hurto y lesiones personales.

Esto significa que buena parte de las personas capturadas no corresponde necesariamente a grandes cabecillas de organizaciones criminales ni a operaciones de inteligencia destinadas a desmantelar estructuras completas.

Y aquí aparece el famoso doble sentido de las estadísticas: una captura es una captura, pero no todas las capturas pesan lo mismo.

No es igual detener a una persona sorprendida cometiendo un delito común que desarticular una estructura criminal, capturar a sus principales responsables, decomisar sus recursos y destruir su capacidad de operación.

El Siedco no hace campaña: registra

El dato oficial proviene del Siedco, donde una captura corresponde a la aprehensión física de una persona, ya sea en flagrancia o mediante orden judicial, bajo la dirección de la Fiscalía. El sistema registra capturas relacionadas con los diferentes delitos contemplados en el Código Penal.

Por eso, la discusión no debería ser simplemente “13.580 capturas, misión cumplida”.

La verdadera pregunta es: ¿cuántas de esas capturas terminaron en condenas?, ¿cuántas correspondieron a integrantes de estructuras criminales?, ¿cuántos cabecillas fueron neutralizados?, ¿cuántas armas y toneladas de droga fueron incautadas y, sobre todo, ¿cuánto disminuyó el delito en las calles?

Porque capturar es importante. Pero capturar delincuentes y lograr que las estructuras criminales dejen de funcionar es otra película.

Mucho número, pero falta medir el resultado

El Gobierno tiene derecho a presentar los resultados de la Policía como un avance. Lo que no conviene es convertir una cifra estadística en un campeonato nacional de seguridad sin explicar qué hay detrás de ella.

13.580 capturas impresionan en un titular. Los datos completos obligan a leer la letra pequeña.

Y ahí está la verdadera noticia: el primer mes de De la Espriella registra un volumen de capturas ligeramente superior al promedio reciente, pero todavía lejos de ser histórico y concentrado mayoritariamente en delitos comunes y procedimientos en flagrancia.

En seguridad, como en política, no todo lo que brilla en X es oro… algunas veces apenas es una estadística bien iluminada.

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